Hoy ha sido un día largo. Muy largo. Y todavía no ha terminado.

Antes incluso de salir del hotel, me encontré con una de las chicas de roller freestyle estudiando en el hall. Con todo lo que está sucediendo estos días, también hay que encontrar tiempo para los libros. Los exámenes y las obligaciones académicas no esperan porque estés disputando unos World Skate Games.

Los estudios también viajan a Asunción.
Los estudios también viajan a Asunción.

Y no fue la única.

Ya en la competición de inline freestyle, el saltador que ayer consiguió la medalla de plata aprovechaba las tandas en las que no participaban españoles para repasar sus apuntes. En la pantalla de su tableta podía leerse un título bastante contundente: «La biblia de Matemática Discreta».

Entre tanda y tanda, tiempo para repasar apuntes.
Entre tanda y tanda, tiempo para repasar apuntes.
«La biblia de Matemática Discreta». Los libros tampoco descansan durante un Mundial.
«La biblia de Matemática Discreta». Los libros tampoco descansan durante un Mundial.

Son escenas que dicen bastante de la realidad de estos deportistas. Compiten al máximo nivel, representan a su país en un campeonato del mundo y, al mismo tiempo, tienen que seguir atendiendo sus estudios. Estamos hablando de modalidades que no permiten vivir profesionalmente del deporte. Aquí, además de entrenar y competir, hay que sacar tiempo para todo lo demás.

La mañana transcurrió con la gente del inline freestyle. Entre tanda y tanda hubo tiempo para hablar, para conocer mejor a nuestros deportistas y, sobre todo, para aprender cómo funciona una modalidad que, para muchos de los que estamos aquí, sigue siendo bastante desconocida.

Enrique Rubio, cuya historia estoy preparando para esta web, tuvo una paciencia de santo conmigo. Me explicó los pormenores del Battle y el Classic, los orígenes del freestyle, su evolución y unas cuantas cosas más. Una enciclopedia con patas de apenas 29 años, a la que tuve la suerte de poder escuchar durante buena parte de la mañana.

Fue una de esas jornadas que justifican el nombre de A pie de pista. No solo por estar cerca de los deportistas, sino por poder compartir tiempo con ellos, escucharles y conocer lo que hay detrás de cada competición. Una mañana con la familia del inline freestyle, en el mejor sentido de la palabra.

Y hubo también espacio para hacer algo diferente.

La familia de Adrián, animando desde la grada.
La familia de Adrián, animando desde la grada.

Aprovechando que los padres de Adrián estaban allí animándole, invité a su madre a participar en la selección de las fotografías que publicaría de su competición. Por un momento cambiamos los papeles: yo le pasé la tablet con las imágenes y ellos decidían las que merecían quedarse. Hubo dudas, comparaciones y unas cuantas risas intentando elegir entre una foto y otra. Los convertí en jueces por un rato, aunque esta vez no había medallas en juego.

Por unos minutos, la selección de fotografías cambió de manos.
Por unos minutos, la selección de fotografías cambió de manos.

Después repetí la experiencia con las chicas, dejando que fueran ellas mismas quienes eligieran algunas de las fotografías que acabarían publicadas. Una manera diferente de compartir también esa parte de mi trabajo con quienes están al otro lado de la cámara.

Pero la tranquilidad de la mañana duró lo que duró.

La tarde empezó a acelerarse con una semifinal intensísima de hockey sobre patines sénior femenino entre España y Portugal. Victoria española por 2-1 y billete para la final.

De allí, carrera hacia otra sede. Los SUB19 masculinos de hockey sobre patines se enfrentaban a Argentina en otra semifinal y yo ya llegaba tarde. Otro partido al límite, que terminó con victoria española por 3-2.

Así que mañana tendremos a los dos equipos de hockey sobre patines disputando sus respectivas finales.

En medio de aquellas carreras quedó una competición a la que no pude llegar: el partido por el bronce de los júnior masculinos de hockey línea. España acabó ganando con gol de oro después de un empate a cuatro, pero esta vez me tocó seguirlo desde la distancia. Ya habría ocasión de encontrarnos más tarde, en la entrega de medallas.

Y todavía quedaba la guinda de la jornada.

La final de hockey línea sénior femenino frente a Francia. Un partido que parecía ponerse muy cuesta arriba cuando las españolas se encontraron dos goles por debajo. Pero este equipo tiene algo especial. Tiraron de experiencia, de garra y de todo lo que les quedaba dentro para darle la vuelta al marcador. A falta de apenas medio minuto, España completó la remontada. Victoria por 3-2 y medalla de oro.

De esas finales que cuesta olvidar.

Pero la jornada todavía guardaba otro momento.

A las once de la noche llegó la entrega de medallas de hockey línea. Allí estaban los júnior masculinos, con el bronce conseguido en el partido que no había podido presenciar, y las sénior femeninas, con su oro recién conquistado. Esta vez sí pude estar con todos ellos.

Después, los dos equipos se reunieron con sus técnicos para una fotografía conjunta. Hasta ahí, nada extraordinario. Lo que no esperaba era que insistieran en que yo también apareciese.

No suelo salir en las fotografías. Normalmente estoy al otro lado de la cámara y, si no recuerdo mal, esta es la primera vez que me fotografío con una selección. Así que acabé tumbado delante de todos ellos, rodeado de medallas, copas y sonrisas.

Son pequeños detalles que se agradecen, especialmente después de tantos días compartiendo pabellones, esperas y celebraciones.

El bronce júnior masculino y el oro sénior femenino de hockey línea, juntos. Y, por una vez, yo también en la foto.
El bronce júnior masculino y el oro sénior femenino de hockey línea, juntos. Y, por una vez, yo también en la foto.

Ahora son las tres de la madrugada y sigo editando fotografías. La historia de Enrique tendrá que esperar a que encuentre un hueco para sentarme a escribirla. Y todavía queda trabajo antes de cerrar el ordenador.

El día empezó con una deportista estudiando en el hotel, siguió con otro repasando matemáticas discretas en plena competición, con padres eligiendo fotografías, conversaciones sobre freestyle y carreras entre pabellones. Terminó con un oro, un bronce y, por una vez, conmigo delante de la cámara.

Un día más en la oficina.

Aunque todavía no sé a qué hora voy a cerrarla.

Aquí puedes ver las imágenes del día →