Hay días en estos Mundiales en los que no sabes muy bien cómo vas a llegar a todo. Y otros en los que el tiempo decide por ti. Este fin de semana hemos tenido un poco de ambas cosas.

El sábado empezó en el patinódromo. Por fin la meteorología dio una tregua y pudimos disfrutar de las pruebas de velocidad, con los 5.000 metros puntos y los 200 metros contrarreloj.

Para mí, volver a una pista de velocidad siempre tiene algo especial. Hace ya muchos años también estuve al otro lado, compitiendo, aunque entonces lo hacíamos con los patines tradicionales de cuatro ruedas. Han cambiado los materiales, las técnicas y muchas cosas más, pero hay conversaciones que me resultan tremendamente familiares.

Escuchar a los patinadores hablar del viento, de dónde conviene colocarse en la salida, de cómo aprovecharlo en una curva o de lo que cuesta avanzar cuando te viene de frente, me llevó por momentos a aquellos años. También hubo tiempo para recordar cómo era la velocidad con los patines de antes.

Y para comprobar que hay cosas que no cambian. Vi a patinadores españoles enseñando a compañeros de otros países, con menos experiencia, cómo limpiar las ruedas. Incluso prestándoles sus propios juegos para que pudieran probarlos. Competidores en la pista, compañeros fuera de ella. Son esos pequeños detalles que me gusta encontrar cuando estoy por allí con la cámara.

Mientras tanto, en el cerro Lambaré, el Alpino en línea nos estaba dando tres medallas: el oro de Sergio Menéndez, la plata de Sofía Álvarez del Pozo y el bronce de Marcos Arias.

Y yo me las perdí.

Es lo que tiene un Mundial con tantas competiciones simultáneas. Hay que elegir dónde estar, y esta vez había elegido la velocidad. Me alegré muchísimo por ellos, especialmente por ese inesperado oro de Sergio, pero no voy a negar que me dio rabia no haber podido fotografiarlo. Me habría encantado estar allí.

La tarde tampoco iba a dar demasiado margen para lamentarse.

Dos finales y dos títulos mundiales

Tocaba salir corriendo hacia el Hockey Patines. Primero, la final SUB19 masculina contra Portugal. Después, la sénior femenina frente a Argentina.

Dos finales tremendamente intensas e igualadas, con pabellones llenos de ambiente y los nervios a flor de piel hasta el último momento. Además, con muchos conocidos en los equipos rivales. Después de tantos años siguiendo este deporte, hay caras familiares prácticamente en cualquier pista.

Los chicos terminaron imponiéndose a Portugal por 2-1 y se proclamaron campeones del mundo. Y cuando una final cuesta tanto ganarla, la celebración es todavía más intensa.

Ahí empezó otra parte del trabajo. La copa con cada jugador, con los compañeros, con las familias, las fotos de grupo... Cientos de fotografías que todos quieren tener y que uno intenta hacer sin dejarse a nadie por el camino.

Pero había otra final esperando.

Así que, de nuevo, a correr. Llegamos al pabellón justo para el pitido inicial del partido de las chicas frente a Argentina.

Y si la primera final había sido intensa, esta no se quedó atrás. España acabó ganando 3-1 y sumando otro título mundial, con todo lo que supone levantar una copa después de un partido así.

Hubo, además, un momento especialmente bonito. Los recién proclamados campeones del mundo SUB19 llegaron durante el descanso para animar a sus compañeras. Y cuando terminó el encuentro estaban también sobre la pista, compartiendo abrazos, celebraciones y la alegría de aquel segundo oro.

Si después de la final de los chicos había hecho cientos de fotografías, aquí ya perdí la cuenta. Jugadoras, técnicos, familias, compañeros, copas... Todo el mundo quería guardar su recuerdo.

Yo nunca he sido de hacerme fotos con los equipos. Mi recuerdo de esos momentos es precisamente haber estado allí, detrás de la cámara, fotografiando lo que sucedía. No necesito aparecer en la imagen para sentirme parte de ella.

Pero cuando, en medio de tanta alegría y después de tantas emociones compartidas, te insisten para que dejes la cámara un momento y te pongas con ellos, resulta difícil decir que no.

Y así, casi sin buscarlo, me llevo de estos Mundiales dos fotografías muy especiales: una con las selecciones de Hockey Línea y otra con las de Hockey Patines. Dos recuerdos que seguramente no habría buscado por iniciativa propia, pero que me alegro de tener.

Terminamos con otra fotografía, esta vez junto a mis compañeros del Media Team. Los que compartimos pabellones, carreras, horas de trabajo y alguna que otra madrugada. Una foto con la copa para cerrar una jornada que había dado mucho de sí.

Los compañeros del Media Team con la copa.

El domingo, la lluvia y una espina menos

El domingo amaneció con un panorama bastante diferente. La lluvia volvió a aparecer y terminó condicionando buena parte de la jornada.

Por la mañana pude acercarme al cerro Lambaré para cubrir el Slalom de Alpino en línea. Después de haberme perdido las tres medallas del sábado, tenía ganas de estar allí.

Esta vez sí pude acompañar a los cuatro representantes españoles y fotografiarlos durante la competición. Y Sergio Menéndez volvió a subir al podio, sumando una plata al oro conseguido el día anterior.

También pudimos hacernos esa fotografía de grupo que el sábado no había sido posible. Una pequeña espina menos, y otro recuerdo de estos Mundiales que me llevo.

El grupo español de Alpino en línea celebra la plata de Sergio Menéndez.

Por la tarde tenía previsto regresar a la velocidad, pero las pruebas quedaron suspendidas por la lluvia. Así que, casi sin buscarlo, apareció algo que empieza a escasear por aquí: tiempo.

Tiempo para asentarse un poco, recuperar fuerzas, organizar fotografías y material, dejar las cosas preparadas y atender todo eso que va quedando pendiente cuando llevas tantos días enlazando competiciones, desplazamientos y edición.

Tampoco vino mal.

Después de una primera parte de los World Skate Games bastante intensa, tocaba poner el «agotómetro» a cero.

Porque todavía queda mucho por delante. Y mañana arrancamos la segunda parte de estos Mundiales, con las pilas cargadas.

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