Se van acercando las fechas finales de los WSG y el calendario empieza a despejarse. Cada vez quedan menos competiciones por cubrir, aunque eso no significa necesariamente que las jornadas resulten más cortas.
Hoy descansaban las chicas del júnior femenino de hockey línea y los problemas con el asfaltado del circuito obligaron a aplazar hasta mañana todas las pruebas de velocidad previstas. Así que la agenda quedaba bastante clara: semifinales de scooter park, clasificatorias de roller freestyle park y partido de hockey patines sénior masculino frente a Suiza.
Una jornada relativamente tranquila. Al menos sobre el papel.
Preguntar, preguntar, preguntar
Salida por la mañana hacia el COP y, esta vez, a tiro fijo. Aunque con un ojo puesto en el cielo, porque la lluvia, que no estaba prevista, volvió a hacer acto de presencia.
Empezamos con las semifinales de scooter park. Pequeños grandes deportistas capaces de hacer auténticas diabluras con sus máquinas. Cuesta entender cómo se llega a semejante destreza sin romperse la crisma por el camino. Posturas imposibles, vuelos boca abajo y una instalación con unas paredes verticales que ya asustan simplemente mirándolas desde arriba.
Pero estos fieras parecen tenerlo todo bajo control.

Era mi primera visita a este park y aproveché el buen ambiente que transmite siempre Karim, el seleccionador, para preguntarle desde dónde convenía fotografiar y, sobre todo, qué debía buscar.
Es una costumbre que he ido adquiriendo y que cada vez considero más importante: preguntar, preguntar y volver a preguntar.
Nunca dar nada por hecho ni por sabido.
La destreza para captar el movimiento la tengo. Eso no suele ser un problema. La cuestión es saber qué movimiento merece la pena captar, dónde va a producirse y qué hace que una imagen tenga sentido dentro de esa disciplina.
Y este park tiene sus complicaciones. Es profundo, fotografiamos casi siempre desde arriba y cuesta conseguir que los deportistas destaquen cuando vuelan. Además, las posiciones permitidas condicionan mucho el encuadre: desde algunos puntos, una parte de la instalación oculta completamente otra.

Así que aproveché el calentamiento de los chicos para hacer también el mío. Observar, buscar posiciones, probar encuadres y tratar de anticipar sus movimientos.
He comprobado que muchas veces repiten durante la competición lo que han estado ensayando previamente. Y eso, para quien está detrás de una cámara, es una ayuda considerable.
Los dos lo hicieron de lujo y consiguieron meterse en la final. Y yo me llevé un reportaje bastante resultón.

Como en estas modalidades ahora tenemos algo más de tiempo, he empezado a utilizar una fórmula que funciona especialmente bien: paso las fotografías inalámbricamente a la tablet y se la dejo a los propios deportistas para que elijan las que más les gustan.
Ellos conocen mejor que nadie qué posiciones tienen valor, qué trucos han ejecutado y qué imágenes prefieren. Yo pongo la fotografía; ellos, el conocimiento de su deporte.
Una buena combinación, siempre que el ritmo de la jornada lo permita.
Ver álbum: Scooter Park · Semifinales
Las fotos que quedaron pendientes
Un breve descanso y a las dos de la tarde volvimos a la misma instalación, esta vez para las clasificatorias de roller freestyle park.
Tenía una pequeña deuda pendiente. Conmigo mismo, más que con nadie.
Ayer, por la coincidencia con las pruebas de velocidad, me había perdido sus entrenamientos. Hoy tocaba compensarlo con unas buenas ráfagas.

Aunque había una ausencia que daba pena. Ayer Alex Fernández sufrió una caída en el park y hoy no pudo competir.
Ya son tres deportistas españoles a los que no he podido fotografiar como me habría gustado por circunstancias que escapan a cualquier planificación: otro chico de scooter, en este caso en street; una júnior fondista de velocidad; y ahora Alex.
A veces es el tiempo. Otras, los horarios que se solapan. Y otras, una lesión inoportuna.
No siempre sale todo como uno lo había imaginado. Una pena, pero seguro que habrá más ocasiones para conseguir esas imágenes.

En el primer heat pude sacar buenas fotografías de dos de las chicas. La tercera competía más tarde y, entre medias, teníamos una cita con el hockey patines.

Ver álbum: Roller Freestyle Park · Clasificatorias
Un bocado, una foto, otro bocado
Antes del partido tocaba comer. O, mejor dicho, intentar comer.
La escena debía de resultar bastante curiosa: bajo una de las gradas del pabellón, con la cámara y la tablet sobre una silla, pasando fotografías y editando algunas para redes sociales, mientras el plato y el tenedor descansaban en otra.
Ahora un bocado de arroz. Ahora un recorte. Ahora un reencuadre. Otro bocado. Otra fotografía.
Ni tan mal.
Después, España–Suiza de hockey patines sénior masculino.
Un partido sin demasiada historia, resuelto con comodidad por los nuestros: 10–1. Mañana les espera Chile en cuartos de final.

Tocaba subir rápidamente las fotografías para los medios y volver a correr hacia el park, donde aún quedaba la tanda de la última de las chicas.
Llegué a tiempo para fotografiar la primera ronda, pero después volvió a aparecer la lluvia y dimos la jornada por terminada. Al menos teníamos material suficiente.
Ver álbum: Hockey Patines · España–Suiza
Cada día queda menos
Regreso al hotel. Y todavía queda trabajo.
Editar, seleccionar, subir los álbumes, revisar los horarios y los autobuses de mañana, organizar el equipo y preparar otra jornada.
La rutina de estos días, que ya empieza a parecerse mucho a una forma de vida.
Pero cada día queda menos.
El cansancio se acumula y empezamos a ver el final del túnel. Y con él llegan sensaciones un poco contradictorias.
Por un lado, las ganas de que todo termine, de volver a casa, de recuperar cierta normalidad y, sobre todo, de volver a ver a los míos. Porque se les echa de menos.
Por otro, las ganas de apurar hasta el último día esta experiencia. De seguir entrando en los pabellones, encontrándome con la gente, descubriendo deportes, buscando fotografías y compartiendo esos pequeños momentos que nunca aparecen en los resultados oficiales.
Supongo que es lo que ocurre cuando llevas tantos días viviendo algo intensamente.
Empiezas a querer volver.
Pero todavía no quieres marcharte.


