Quedan cuatro días de competición en estos World Skate Games de Asunción y este jueves parecía que íbamos a tener el último día relativamente tranquilo de este viaje.

Tranquilo, claro está, según los parámetros que hemos ido estableciendo durante estas dos semanas.

Solamente tenía previsto cubrir dos partidos. Primero hockey patines y después hockey línea. Los horarios estaban tan próximos que sabía que llegaría al segundo cuando ya hubiera comenzado. No había tiempo material para hacerlo de otra manera.

Además, sobre el papel ninguno de los dos encuentros parecía especialmente complicado para los nuestros. Por una vez parecían juntarse dos circunstancias poco habituales: una agenda relativamente sencilla y una intensidad deportiva que en principio no debería dispararse.

Casi unas vacaciones.

Y eso me permitió detenerme un poco, mirar lo que llevamos recorrido, revisar algunas cosas pendientes y pensar en cómo son realmente los días por aquí.

Porque quizá después de tantos días contando lo que ocurre sobre las pistas también merezca la pena contar lo que sucede alrededor de ellas.

El día siguiente empieza antes de acostarse

Una jornada normal de estos mundiales empieza bastante antes de que suene el despertador.

En realidad, empieza la madrugada anterior.

Cuando regresas al hotel, después de las últimas competiciones, todavía queda descargar tarjetas, seleccionar fotografías, editar y enviar imágenes a los compañeros de Media, completar álbumes y dejar todo lo posible preparado.

Y cuando parece que has terminado, empieza el trabajo del día siguiente.

Abres la agenda, revisas los horarios, compruebas si ha habido cambios y empiezas a hacer encaje de bolillos.

Qué competiciones puedes cubrir. Cuáles tendrás que dejar pasar. Dónde estarás a cada hora. Cuánto tardarás en llegar de una instalación a otra. Si podrás estar desde el comienzo o tendrás que incorporarte con el partido ya empezado.

Y una cuestión nada menor: dónde vas a comer. O, mejor dicho, si vas a tener tiempo para hacerlo.

Después viene el transporte.

Los deportistas tienen organizados sus desplazamientos: hotel, instalación deportiva y regreso al hotel. Yo suelo salir por la mañana con unos y regresar por la noche con otros.

Entre medias toca buscarse la vida.

Aprovechar los autobuses que encajen con tus horarios, calcular conexiones y cuando no queda otra recurrir a un Uber de emergencia para llegar a tiempo a la siguiente competición.

No siempre sale como lo has previsto, pero al menos tienes un plan.

Cuando todo está más o menos organizado, lo comparto con el grupo de Media. Así mis compañeros saben dónde voy a estar y de qué competiciones podrán disponer de fotografías para preparar sus publicaciones.

Y aquí tengo que hacer un pequeño inciso.

Desde fuera vemos las noticias, los vídeos, las fotografías y las publicaciones de la Federación. Pero cuando estás dentro y descubres todo lo que se genera cada día, asusta un poco.

Vídeos, imágenes, resultados, textos, diseños, montajes, maquetación, programación, publicaciones… Todo se produce, selecciona, edita y distribuye mientras las competiciones siguen adelante y ya se está preparando lo siguiente.

El volumen de trabajo es tremendo.

Menudos fieras tengo por compañeros.

Todo cabe en una mochila. O casi.

Con los horarios resueltos y el resto del equipo informado, todavía queda preparar la mochila.

Y tampoco es una decisión tan sencilla como parece.

No necesitas el mismo material para fotografiar dentro de un pabellón que para pasar el día al aire libre. Hay que decidir qué cámaras llevar, qué objetivos, qué correas, si necesitarás la tablet o el portátil, las fundas para proteger el equipo de la lluvia y todos esos pequeños accesorios que pueden salvarte de un apuro.

Cada cosa tiene su razón de estar ahí.

Y cada cosa pesa.

Porque todo lo que metes en la mochila son kilos que vas a cargar a la espalda durante doce horas como mínimo.

Así que toca elegir. Llevar lo necesario, intentar no cargar con lo que no vas a utilizar y confiar en que no hayas dejado en el hotel precisamente aquello que terminarás necesitando.

Y entonces sí.

Ya puedes irte a dormir.

Curiosa manera de terminar el día, ¿verdad?

Pero cuando suene el despertador empezarán las prisas y es mucho más fácil olvidarse de algo si no lo has preparado la noche anterior.

Una colmena que se pone en marcha

Despertador, desayuno y las primeras risas del día con quienes coincides en el hotel.

Es uno de esos pequeños momentos que reconfortan.

Algunos compañeros ya han salido hace rato. Otros están preparándose para marchar y los hay que por sus horarios pueden empezar la mañana con algo más de calma.

Somos una especie de colmena. Todos formamos parte de la misma expedición, pero cada uno tiene sus horarios, sus responsabilidades y su propia jornada por delante.

Nos cruzamos, compartimos un café, alguna conversación, unas bromas y cada cual sigue su camino.

Yo me voy con quienes toque ese día.

Cuando acompaño a un equipo, suelo comentarles qué tengo pensado hacer. A veces ya lo hemos hablado en jornadas anteriores. Otras necesito que me expliquen cuál es la mejor manera de moverme, dónde puedo colocarme o qué momentos conviene respetar especialmente.

Porque por encima de cualquier fotografía está su preparación.

Sus rutinas, su concentración, su trabajo.

Yo soy un mero observador.

Y cuanto menos se den cuenta de que estoy allí, mejor.

Mejor para ellos, porque no interfiero en lo que están haciendo. Y mejor para mí, porque las fotografías que busco son precisamente esas: las que muestran lo que ocurre de forma natural, sin que nadie cambie su comportamiento porque tenga una cámara delante.

Estar a pie de pista, pero casi sin que me vean.

Un partido detrás de otro

Y empieza la jornada.

Llegas a una instalación, fotografías la competición y cuando termina miras el reloj.

Si hay unos minutos, seleccionas rápidamente diez fotografías y las envías al grupo de Media y a las carpetas compartidas para los medios de comunicación.

Cuanto antes, mejor.

Porque si no lo haces en ese momento, llegas a la siguiente competición con el trabajo de la anterior todavía pendiente.

Y después viene otra.

Y otra.

Un evento detrás de otro. Un día detrás de otro.

Los ratos muertos, cuando aparecen, tampoco suelen estar demasiado muertos.

Portátil encima de las rodillas, descarga de tarjetas, selección de imágenes, algún recorte, una edición rápida y subida del álbum a mi web.

Desde allí puedo compartirlo para que deportistas, participantes, aficionados y medios tengan las fotografías disponibles cuanto antes.

No siempre hay una mesa ni una silla cómoda ni demasiado tiempo para hacerlo. Pero cualquier pequeño hueco sirve para adelantar trabajo y evitar que todo se acumule para la noche.

También hay que tener en cuenta las cinco horas de diferencia con España.

A veces es importante correr para que las imágenes lleguen a tiempo a quienes están preparando una publicación allí. Otras no tiene demasiado sentido apurarse para dejar un álbum disponible a las cuatro de la mañana, hora española.

A esas horas probablemente pocos estarán esperando las fotografías.

Así que también hay que aprender cuándo merece la pena correr y cuándo se puede esperar un poco.

Y si todo ha ido bien, cuando finalmente regresas al hotel a las tantas de la noche, buena parte del trabajo ya está hecha.

Con suerte, solamente quedan por revisar y editar las fotografías de las dos últimas competiciones.

Ojalá.

Eso significa que quizá puedas acostarte a una hora prudencial.

Prudencial para mí, claro.

Pongamos las dos de la madrugada.

Aunque antes de hacerlo todavía tendrás que preparar la jornada siguiente.

Y vuelta a empezar.

El lujo de poder mirar atrás

Por eso un día como este se agradecía especialmente.

No porque no hubiera nada que hacer, sino porque por una vez pude trabajar sin estar continuamente mirando el reloj.

Y eso me permitió algo que durante estos mundiales no resulta tan sencillo: volver sobre lo que ya había hecho.

Comprobar si todas las fotografías que había enviado estaban realmente en las carpetas de Media. Revisar los álbumes publicados. Recuperar alguna tarea pendiente. Ordenar un poco el material acumulado.

Y sobre todo volver a mirar algunas fotografías.

Porque cuando estás seleccionando imágenes a toda velocidad entre una competición y la siguiente, inevitablemente se te escapan cosas.

A veces eliges las diez fotografías que necesitas en ese momento y sigues adelante. Pero entre las que descartaste puede haber una imagen que cuente algo distinto.

Un gesto, una mirada, una situación que entonces no viste o a la que no pudiste dedicarle el tiempo necesario.

Y este día pude recuperar alguna de ellas.

No fue exactamente descansar.

Pero después de tantos días trabajando con la cabeza puesta en lo siguiente, tener un rato para mirar hacia atrás también fue una forma de tranquilidad.

Una tranquilidad que no todos compartían

Mientras aprovechaba para cerrar esos pequeños pendientes, empezaron a llegar noticias del patinaje de velocidad.

Y no eran buenas.

Después de los problemas que han tenido con el agua en la pista, ahora es el circuito el que está dando quebraderos de cabeza.

El estado del asfaltado ha provocado numerosas caídas, las competiciones ya han tenido que aplazarse un día y las condiciones están complicando seriamente la posibilidad de seguir adelante.

Ahora mismo aún están decidiendo si se disputarán las pruebas de circuito o si se pasa directamente a los 100 metros y al maratón.

La situación es muy complicada.

Lo que está ocurriendo con la velocidad en estos World Skate Games no tiene nombre.

Los deportistas han venido hasta Asunción para disputar un campeonato del mundo. Para competir, medirse con los mejores y demostrar el trabajo de tantos meses de preparación.

Y, sin embargo, llevan días pendientes de las condiciones de las instalaciones, de los cambios de programa y de saber si podrán competir.

Lo que debería ser un Mundial para disfrutar compitiendo se está convirtiendo, jornada tras jornada, en una pesadilla que tienen que sufrir.

Y mientras yo disfrutaba de un día relativamente tranquilo, no podía evitar pensar en ellos.

Cuando las fotografías cuentan lo que pasó

Este jueves además me llevé una pequeña alegría.

Entre los enlaces de medios de comunicación que nos van pasando los compañeros, estuve viendo algunas crónicas de AS sobre los partidos de la selección masculina de hockey patines.

Y hubo algo que me hizo sentir especialmente bien.

No porque aparecieran mis fotografías. Para eso están. Llevo muchos años viendo imágenes mías publicadas en medios y no es ninguna novedad.

Fue por cómo las habían utilizado.

Siempre que puedo, intento documentar los partidos. No me basta con conseguir una buena fotografía de una jugada, un gesto espectacular o una celebración.

Me gusta que a través de las imágenes se pueda reconstruir lo que ocurrió.

La falta que provocó una tarjeta. El penalti que vino después. El pase que dejó a un compañero en posición de remate. La bola entrando en la portería.

Y las celebraciones, naturalmente.

Eso supone estar siguiendo continuamente el juego, intentando anticipar lo que puede pasar. Disparar ráfagas que muchas veces no sirven para nada porque la jugada no acaba como imaginabas. Y después dedicar bastante más tiempo a revisar, seleccionar y editar.

Hay otras formas de fotografiar un partido, perfectamente válidas. Buscar los mejores gestos, las imágenes más impactantes, los momentos que mejor funcionan para ilustrar una publicación.

Y tengo la sensación de que hoy eso es lo que más se valora.

Pero a mí me sigue gustando contar el partido.

Y este jueves, leyendo estas crónicas, encontré precisamente eso.

El periodista iba relatando lo sucedido y cuando hablaba de un gol allí estaba la fotografía de la bola entrando en la portería. Cuando explicaba la falta que había provocado un penalti en contra, aparecía la imagen de aquella acción.

Las fotografías no estaban simplemente acompañando el texto.

Estaban ayudando a contar lo que había pasado.

Y quise comprobar una cosa más.

Conociendo la manera en que Iván Molero relata los partidos en AS, había una fotografía que tenía en mente. Una de esas imágenes que cuando la seleccionas piensas que puede servir para contar un momento concreto del encuentro.

Así que volví a buscar la crónica para comprobar si mi intuición era acertada.

Y allí estaba.

Captura de la publicación de AS con una fotografía de Luis Velasco

Justo donde imaginaba que podía encajar.

Puede parecer una tontería, pero para mí fue una satisfacción especial. Porque no se trataba solamente de que alguien hubiera publicado una fotografía mía, sino de comprobar que aquella imagen había encontrado su sitio en la historia que estaba contando.

Dos maneras de narrar el mismo partido, una con palabras y otra con fotografías, que terminaban encontrándose.

Y eso, para alguien que se pasa el partido siguiendo cada jugada con la cámara, intentando no perderse lo importante, tiene un valor especial.

No porque una fotografía sea mejor que otra, sino porque alguien había utilizado estas imágenes exactamente para lo que yo pretendía cuando las hice.

Y entonces pensé que todas esas ráfagas, todo ese tiempo de selección y ese esfuerzo adicional habían merecido la pena.

Una pequeña satisfacción de esas que no aparecen en ningún marcador.

La calma, al final, aguantó

Y al final la jornada resultó bastante parecida a lo que había imaginado por la mañana.

Los cuartos de final de hockey patines frente a Chile fueron intensos, aunque España mantuvo el encuentro controlado. A estas alturas del campeonato ya no hay rivales sencillos y cada eliminatoria exige lo suyo.

España ganó 3-0 y consiguió el pase a semifinales.

En hockey línea, el partido frente a Brasil fue más cómodo. Las nuestras resolvieron el encuentro sin grandes complicaciones con un 6-0 que también les dio el pase a semifinales.

Dos victorias, dos semifinales por delante.

El viernes a las cinco de la tarde las chicas de hockey línea se enfrentarán a Colombia. Y a las ocho, los chicos de hockey patines tendrán delante a Argentina.

Así que todo apunta a que la tranquilidad va a durar poco.

Pero lo verdaderamente extraño de este jueves no fueron los partidos.

Fue que, por primera vez desde que llegué a Asunción, antes incluso de cenar ya tenía terminado todo el trabajo del día.

Las fotografías seleccionadas, editadas y enviadas. Los álbumes publicados. Las carpetas de Media al día. Incluso había podido revisar algunas cosas que habían quedado pendientes.

Todo.

Y la sensación era rara.

Llevaba tantos días acostumbrado a tener siempre algo por hacer, alguna tarjeta pendiente de descargar, unas fotografías que seleccionar o un álbum que terminar que tenía la impresión de que me estaba dejando algo.

Repasé mentalmente lo que había hecho.

Pero no.

Estaba todo.

El portátil del autor y su reloj mostrando las 19:41

Creo que ha sido el primer día que me sucede desde que empezaron estos Juegos. Y viendo lo que nos espera, probablemente también será el último.

Así que por una vez tiene pinta de que voy a acostarme pronto.

Bueno, todavía queda cenar. Y esperar a que estén claros los horarios de mañana para decidir dónde voy a estar, qué podré cubrir y cómo llegar de una instalación a otra.

Y preparar la mochila, naturalmente.

Pero eso ya es trabajo de mañana.

Aunque, como os contaba al principio, aquí el día siguiente siempre empieza antes de acostarse.

Y este jueves por una vez parece que voy a poder empezarlo a una hora razonable.

¿Y en qué se nota también que he tenido más tiempo y que el día ha sido tranquilo? Pues en esta entrada del Diario… ¡Menudo ladrillo me ha salido! 😄

Aquí puedes ver las imágenes del día →