Otra vez un día de locos. A estas alturas de los WSG ya empieza a ser lo habitual, aunque uno siga levantándose cada mañana con la intención de llevar la jornada más o menos organizada. Luego empiezan las competiciones y los planes duran lo que duran.
A las nueve de la mañana estábamos en el cerro Lambaré, acompañando a los chicos del Alpino en línea en la Combinada. Otra jornada buscando medallas, con unas condiciones que iban cambiando y que obligaban a los patinadores a adaptarse. Nosotros solo pudimos quedarnos para la primera manga, pero dio tiempo a ver que los nuestros seguían haciéndolo bastante bien.
Esta vez coincidí con un par de compañeros de Media que nunca habían asistido a una competición de Alpino. Y me encontré haciendo algo que no esperaba: explicándoles cómo funcionaban las pruebas, las normas, los detalles en los que había que fijarse y lo que iba sucediendo.
Mientras hablaba me di cuenta de que sabía bastante más de este deporte de lo que yo mismo pensaba.
Son ya casi ocho años siguiéndolo. No es una modalidad que pueda fotografiar todas las semanas, ni siquiera todos los meses, pero siempre intento buscar la ocasión de volver a verla. Y, casi sin darme cuenta, se ha convertido en una parte importante de mi relación con el patinaje.
También de las personas que he ido conociendo por el camino.
Nos hicimos un selfie con el seleccionador y mis dos compañeros, de esos que sirven para guardar algo más que el momento. Me acordé especialmente de Nuria, una habitual de estas citas, con quien tenemos la costumbre de hacernos fotografías así y que esta vez no ha podido venir por lesión. Se la echa de menos.
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Tuvimos que marcharnos antes de que terminara la competición, así que las medallas volvieron a llegarme desde la distancia. Pero llegaron: oro para Marquitos y plata para Sofía.
Me alegré especialmente por Marcos, que por fin pudo quitarse esa espinita que llevaba clavada. Y también por Sofía, que sigue sumando. Con estos resultados, el Alpino en línea se está convirtiendo en una de las modalidades que más alegrías está dando a la expedición española.
Y a mí me sigue dando motivos para querer volver.
Del cerro al pabellón, y vuelta a correr
A mediodía tocó salir disparados hacia el COP. Nos esperaba el partido de Hockey Patines de la selección sénior masculina frente a Italia.
No empezó precisamente sencillo. Italia complicó mucho las cosas y España tuvo que remontar para acabar imponiéndose por 3-2. Buena parte de la responsabilidad fue de Pau Bargalló, autor de los tres goles españoles.
Y de ahí salió otra de las fotografías del día.
Una celebración suya, con toda la intensidad del momento concentrada en un gesto, un grito, una expresión. De esas imágenes que buscas cuando fotografías deporte y que, cuando aparecen delante del objetivo, sabes que merecen la pena.
No había demasiado tiempo para recrearse. Tocaba cambiar otra vez de escenario.
Nos fuimos a la pista de velocidad para cubrir las clasificatorias de los 10.000 metros eliminación. Y allí me encontré con una de las fotografías más extrañas que recuerdo haber hecho.
Durante la carrera se produjo una caída. Disparé, seguí trabajando y, al revisar después las imágenes, hubo una que me obligó a detenerme.
Una patinadora aparecía en el suelo, con una pierna doblada hacia arriba en una posición que, al verla congelada en la fotografía, parecía casi imposible.
Tuve que volver a mirarla varias veces.
No sé cuántas fotografías deportivas habré hecho a lo largo de los años, pero todavía hay instantes que consiguen sorprenderme. A veces el ojo ve algo que apenas llega a procesar y es después, delante de la pantalla, cuando descubres exactamente qué ha quedado registrado.
Esta es una de esas imágenes a las que vuelves una y otra vez, preguntándote cómo pudo suceder aquello justo delante de ti.
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Y todavía quedaba hockey
La última parada deportiva del día fue el Hockey Línea. Las chicas de la selección júnior femenina se enfrentaban a Argentina y resolvieron el partido con un contundente 10-0.
No dieron demasiadas opciones a sus rivales. Y viendo cómo están compitiendo, tienen pinta de poder pelear por una medalla. Sería otra gran alegría para los deportes de equipo españoles en estos WSG.
Cuando por fin llegamos al hotel eran ya las diez y media de la noche. Desde las nueve de la mañana, enlazando sedes, partidos, carreras y fotografías.
Pero todavía quedaba una de las mejores partes del día.
Las medallas que me llevo yo
Durante la cena coincidimos con los de Alpino. Tocaban abrazos, felicitaciones por el oro de Marcos y conversaciones sobre lo que había pasado durante la jornada. También estuvimos charlando con los de velocidad, que andan intentando recuperar las pruebas que la lluvia les ha ido aplazando.
Y entre tanto surgió la pregunta del millón:
—¿Y mañana con quién vienes?
Pues no lo sé. Eso no lo decidimos hasta que revisamos la agenda del día siguiente y vemos qué combinaciones podemos hacer para llegar al mayor número posible de competiciones. Algo que suele terminar resolviéndose en el grupo de WhatsApp de Media a las «tantas mil», cuando se supone que ya deberíamos estar descansando.
Y entonces alguien me preguntó:
—¿Y con quién te lo pasas mejor?
Sin pensarlo demasiado, contesté:
—Lo bueno es que yo gano siempre.
Porque, vaya donde vaya, siempre tengo la suerte de encontrarme con buena gente con la que compartir estos días. Cada uno viviendo su deporte, con sus nervios, sus ilusiones y sus resultados, y yo teniendo el privilegio de estar allí para vivirlo con ellos.
Cada fotografía que les hago en esos momentos importantes de la competición, haya medalla o no, es mi pequeña «medalla del recuerdo». Una que siempre me llevo conmigo y que queda guardada en mis álbumes y en mi memoria.
Todavía quedaba regresar a la habitación, descargar tarjetas, seleccionar, editar y preparar todas esas fotografías que tienen que estar disponibles a primera hora del día siguiente. Esa parte del trabajo que no se ve en los pabellones y que continúa mucho después de que terminen los partidos.
Y al llegar me encontré con una pequeña sorpresa.
El personal de la Federación nos había dejado un detalle acompañado de unas palabras de agradecimiento por el trabajo que estamos haciendo. Un reconocimiento a las horas, al poco descanso y a todo lo que hay detrás de las imágenes y de la información que sale cada día de estos WSG.
No hace que desaparezcan las fotografías pendientes ni las horas que todavía quedan delante del ordenador. Pero se agradece. Y mucho.
Después de un día así, encontrar algo semejante sobre la mesa de la habitación te recuerda que ese trabajo, aunque muchas veces sea invisible, también cuenta.

Al final, va a ser verdad que yo gano siempre.



