Y llegó el último día.
Después de tantos días pendientes de horarios, pabellones, partidos y fotografías, hoy nos hemos levantado con una sensación un poco extraña.
Por un lado, cierta nostalgia porque esto se acaba. Por otro, muchas ganas de volver a casa.
La mañana ha sido bastante tranquila. Tanto que hemos tenido tiempo para volver a cambiar moneda, empezar a hacer las maletas y dejar prácticamente todo empaquetado para el regreso.
Algo impensable hace apenas unos días.
Salimos hacia el COP alrededor de la una, con la idea de afrontar una última jornada bastante más llevadera que las anteriores.
Después del huracán
Nada más llegar se notaba que el Mundial estaba terminando.
El COP, que durante tantos días había sido un ir y venir continuo de deportistas, entrenadores, delegaciones y público, estaba ya casi vacío.
Había pasado el huracán de competiciones.
Solo quedaban el Skateboard, las finales de Park de Roller Freestyle y el hockey patines.
Los mismos pabellones, los mismos pasillos, pero un ambiente completamente diferente.
Como cuando termina una fiesta y empiezan a recoger las mesas.
Las últimas medallas
Todavía quedaban algunas alegrías para España.

Por la mañana, Manu Taibo había conseguido el bronce en el maratón de patinaje de velocidad.

Y en las finales de Roller Freestyle, Carla Martín se hacía con la plata en Park sénior femenino.

Dos medallas más para una expedición que termina estos World Skate Games con 47 metales.
Una cifra que da buena muestra del trabajo realizado por nuestros deportistas, técnicos y todos los que han formado parte de la expedición española.
No está nada mal.
Una despedida sin bronce
La última oportunidad de medalla que nos quedaba por fotografiar era el partido de hockey patines sénior masculino entre España y Portugal.

Pero esta vez no pudo ser.
Portugal se impuso por 5-3 y España se quedó sin el bronce.

No fue el cierre deportivo que nos habría gustado, especialmente después de tantos días compartiendo alegrías con nuestros equipos.
Aunque tampoco sería justo que ese último resultado empañase todo lo conseguido durante estas semanas.
La alegría de los otros
Después llegó la final entre Francia y Argentina.
Y esta vez la vimos desde la grada, todos los compañeros de media, como simples aficionados.
Una experiencia curiosa después de tantos días trabajando a pie de pista.
Sin cámaras, sin fotografías, sin vídeos, sin publicaciones pendientes. Sin estar pensando en el siguiente encuadre o en lo que había que enviar.
Solo teníamos que mirar el partido.
Y disfrutar de nuestro deporte.
Fue un gran encuentro, de esos que mantienen la emoción hasta el final y que terminó decidiéndose en los penaltis.
Cuando no son los tuyos quienes se juegan el título, puedes vivirlo de otra manera. Disfrutar de cada jugada, de la tensión, del ambiente, sin estar pendiente de si el siguiente gol será una alegría o un disgusto para tu selección.
Aunque esta vez tampoco éramos del todo neutrales.
Me alegré especialmente por mis amigos franceses, a los que he visto perseguir ese título mundial durante muchos años.
Al final, los Di Benedetto lo consiguieron.
Y me hizo ilusión estar allí para verlo. Esta vez, sin necesidad de sacar una sola fotografía.
El último autobús
Y llegó el momento de marcharse.
Otra vez de noche, como tantas otras jornadas. Pero esta vez el viaje de regreso desde el COP tenía algo diferente.
Era el último.
En el autobús íbamos prácticamente los mismos que acabábamos de compartir aquella final desde la grada. Los últimos de media, los que durante tantos días habíamos recorrido pabellones y pistas con nuestras cámaras, ordenadores y equipos a cuestas.
Y que, por una vez, habíamos terminado la jornada simplemente disfrutando del deporte que nos había traído hasta aquí.
Después de tantas idas y venidas, tantos horarios y tantas carreras de un pabellón a otro, aquel último trayecto suponía, de alguna manera, el cierre de todo este tiempo.
Dieciocho días dan para mucho. Para miles de fotografías, unas cuantas alegrías, alguna decepción, muchas horas de trabajo y, sobre todo, para compartir momentos con gente a la que seguramente volveremos a encontrarnos en otro campeonato.
El COP se quedaba atrás. Esta vez, definitivamente.
Había cierta nostalgia, claro. Pero también muchas ganas de volver a casa.
Todavía quedaba la última cena, regresar al hotel y terminar de preparar todo para el viaje.
Pero eso ya era otra cosa.
Los World Skate Games de Asunción habían terminado.
Y nosotros también nos íbamos a casa.


