Hay algo curioso en esto de pasar tantos años siguiendo campeonatos. Uno termina encontrándose con las mismas personas en lugares muy distintos, a veces separados por miles de kilómetros y por un buen puñado de años.

Con Patxi Peula me pasa algo parecido.

En Nanjing, en 2017, recuerdo verlo animando a la selección española sub-19 de hockey patines. Allí estaba, con una bandera de España, dejándose la voz por unos chavales que ni siquiera competían en su modalidad.

Nueve años después, volvemos a coincidir en unos World Skate Games. Esta vez en Asunción.

Patxi sigue compitiendo. Y sigue siendo Patxi.

Aunque, claro, nueve años dan para muchas cosas.

Unos patines por cumpleaños

Francisco José Peula es de Vitoria, pero hace mucho que casi nadie utiliza su nombre completo.

«Ni mi padre cuando se cabreaba me llamaba Francisco José», me cuenta entre risas.

Patxi, desde siempre.

Empezó a patinar a los ocho años gracias a unos patines que recibió como regalo de cumpleaños. Por entonces también jugaba al fútbol, como tantos niños de su edad.

En la escuela de patinaje fue superando niveles hasta llegar a las carreras. Y cuando empezaron las competiciones de fin de semana, tuvo que elegir.

Fútbol o patines.

Eligió los patines.

Ni siquiera tiene demasiado claro por qué. Quizá porque le exigían algo distinto, porque cada día quería correr un poco más, caerse un poco menos y superar lo que había conseguido el día anterior.

Lo que no sabía entonces era hasta dónde le llevaría aquella decisión.

Le pregunto cuándo comprendió que quería dedicar su vida al patinaje.

Y su respuesta resulta bastante menos solemne de lo que cabría esperar de alguien que lleva tantos años compitiendo al máximo nivel.

«Creo que ha ido rodando».

Sin grandes revelaciones. Sin un momento concreto en el que decidiera que aquello iba a ser su profesión.

Simplemente, un año detrás de otro.

Vivir del patinaje. O sobrevivir

Patxi tiene 38 años y lleva prácticamente toda su vida sobre unos patines.

Pero cuando hablamos de dedicarse profesionalmente a este deporte, introduce un matiz importante.

Para él, muchas veces, vivir del patinaje ha significado sobrevivir gracias al patinaje.

Porque no hablamos de fútbol ni de otros deportes profesionales donde una buena trayectoria puede proporcionar cierta tranquilidad económica cuando llega la retirada.

Aquí un buen año puede ayudar a compensar otro menos favorable. Una lesión, una temporada sin resultados o la pérdida de una ayuda pueden cambiarlo todo.

Recuerda especialmente la época del Mundial de Gijón de 2008 y la etapa en la que pudo contar con una beca de apoyo al deportista. Una ayuda importante, casi como disponer de un sueldo, aunque tampoco resolviera todas las incertidumbres de una carrera deportiva.

Y mientras tanto, la vida continúa.

Estudió automoción, aunque nunca llegó a ejercer como mecánico. Salvo, bromea, cuando le toca cambiar los tornillos de sus patines.

Con los años ha ido sumando ocupaciones: entrenador del Desliza Vitoria, responsable de una pequeña tienda online y, por supuesto, deportista.

Entrena a otros, prepara sus propios entrenamientos, atiende pedidos, gestiona facturas y encuentra tiempo para competir.

Todo al mismo tiempo.

Hasta que, en un momento de nuestra conversación, dice algo que me hace detenerme.

Después de tantos años, le habría gustado poder dedicar una temporada exclusivamente a patinar.

Solo a patinar.

«Pero creo que se me ha pasado ese momento».

Resulta difícil encontrar una frase que explique mejor algunas de las contradicciones del deporte de alto nivel cuando no cuenta con los recursos de las grandes disciplinas.

Patxi Peula en carrera en Barcelona 2019

Veinte años después, en el mismo sitio

Patxi ha recorrido medio mundo compitiendo, entrenando e impartiendo cursos.

Él mismo reconoce que el tiempo se le ha pasado muy rápido.

En 2024 volvió a Italia para disputar un Campeonato del Mundo. Y se encontró compitiendo en el mismo escenario donde había participado en su primer Mundial, en 2004.

Veinte años después.

Mismo lugar. Otros rivales. Otra edad. Y una vida entera de experiencias entre una competición y la otra.

Le pregunto si alguna vez encuentra tiempo para detenerse.

No demasiado.

Cuando termina una temporada, aparece otra competición. Cuando tiene una semana libre en Navidad, surge la posibilidad de impartir un curso. Cuando otros ya están descansando, él todavía puede estar viajando a China para disputar una prueba.

Y así, casi sin darse cuenta, han pasado los años.

Patxi Peula celebra su oro en Nanjing 2017
Patxi Peula con su padre en Nanjing 2017

A sus 38 años, Patxi continúa compitiendo contra deportistas mucho más jóvenes. Sigue entrenando y sigue buscando resultados.

¿Por qué?

La respuesta parece sencilla.

Porque le gusta.

Y aquí Patxi cambia por un momento los papeles.

Me pregunta por qué sigo yo haciendo fotografías, por qué paso tantas horas en los pabellones y por qué vuelvo a hacerlo campeonato tras campeonato.

«Porque te gusta, ¿no?».

Pues eso.

Él patina por la misma razón.

La pasión, dice, es lo que le mantiene ahí. A ella se suma la competitividad, las ganas de mejorar y la fortuna de haber evitado lesiones especialmente graves.

No parece necesitar una explicación mucho más complicada.

Patxi Peula en Barcelona 2019

Elegimos mal el deporte

No todo son celebraciones, claro.

Durante estos World Skate Games, el patinaje de velocidad ha tenido que convivir con la lluvia, los aplazamientos y los continuos cambios de programa.

A quienes llegamos desde otras modalidades nos sigue sorprendiendo ver a deportistas de élite esperando durante horas bajo una carpa, pendientes de si podrán competir o tendrán que regresar al hotel.

Se lo comento a Patxi.

Y se ríe.

«Hemos elegido mal el deporte».

Lo dice medio en broma, pensando en disciplinas como el hockey, que habitualmente entrenan y compiten bajo techo.

Él, que además vive en Vitoria, sabe bien lo que significa depender del tiempo para poder entrenar.

Pero detrás de la broma hay una reflexión seria.

Las instalaciones, los horarios, las suspensiones y los cambios de última hora condicionan la preparación y el rendimiento de deportistas que llevan meses trabajando para una competición.

La lluvia puede obligar a modificar el programa. Y esas modificaciones pueden terminar alterando incluso el formato de alguna prueba.

Patxi recuerda lo sucedido en Asunción con una eliminación, donde los cambios de planificación llevaron a los participantes a enfrentarse a una carrera distinta de la que habían preparado.

No es solamente una cuestión de comodidad.

Es el trabajo de muchos meses.

Le pregunto qué cambiaría.

Habla de instalaciones cubiertas, de organización y de recursos. Reconoce que muchas soluciones cuestan dinero, pero también que el patinaje necesita seguir evolucionando.

Lo cuenta sin dramatismos.

Con la experiencia de quien lleva suficientes años compitiendo como para saber que algunas cosas mejoran y otras parecen repetirse campeonato tras campeonato.

Dentro del pelotón

Hay otra parte de la velocidad que desde la grada resulta difícil comprender.

Las estrategias.

En una carrera por puntos, mientras el pelotón gira a toda velocidad, los patinadores tienen que controlar quién ha puntuado, quién puede escaparse, qué rivales están mejor situados y cuándo merece la pena arriesgar.

Todo eso mientras compiten.

Patxi explica que intenta llevar en la cabeza a los tres o cinco corredores que están peleando por las primeras posiciones.

No va haciendo sumas constantemente. Es una mezcla de experiencia, memoria y capacidad para interpretar lo que sucede a su alrededor.

Y ni siquiera así resulta infalible.

Recuerda una carrera en Italia en la que él y un compañero tenían la oportunidad de conseguir el primer y el tercer puesto. Una información equivocada sobre los puntos les llevó a repartir mal el esfuerzo.

Terminaron segundo y tercero.

Una pequeña decisión puede cambiar una carrera entera.

También hablamos del contacto físico dentro del pelotón.

Patxi ha competido con varias generaciones de deportistas. Ha visto llegar a jóvenes que intentan hacerse un sitio y ha compartido pista con algunos de los mejores especialistas del mundo.

¿Se respeta más a quien lleva tantos años o ha ganado tantos títulos?

No necesariamente.

En carrera nadie regala una posición.

Y él tampoco espera que lo hagan.

Hay contactos, disputas y momentos de tensión, porque se compite muy rápido y todos quieren estar delante.

Fuera de la pista, en cambio, las relaciones son diferentes.

Con unos hay más amistad que con otros, naturalmente. Pero existe una convivencia construida después de muchos años encontrándose en los mismos campeonatos.

Y en tantos años también se van acumulando encuentros que el deporte se encarga de recuperar cuando menos lo esperas.

En 2020 coincidimos en una etapa del Camino de Santiago Roller, una iniciativa solidaria a la que Patxi y Aura se sumaron para acompañar a Alberto Alemán y Alberto López. Seis años después, los dos Albertos estaban en Asunción, participando en el maratón amateur y animando desde la grada a Patxi durante los relevos. Cuando España ganó el oro, terminaron manteándolo.

Participantes del Camino de Santiago Roller en 2020
Patxi Peula manteado tras el oro español en relevos

Lo que todavía queda por hacer

Patxi no quiere poner fecha a su retirada.

Y tampoco parece tener demasiado interés en hacerlo.

Ya trabaja como entrenador y contempla otras posibilidades para continuar vinculado al deporte, aunque prefiere no adelantar acontecimientos.

Lo que tiene claro es que seguirá cerca del patinaje.

A lo largo de su carrera ha sido campeón del mundo y de Europa, ha acumulado victorias y también temporadas mucho más difíciles.

Él mismo lo describe como una gráfica del corazón.

Hay años de éxitos y años de vacío.

Y recuerda algo que pocas veces aparece cuando repasamos el palmarés de un deportista: de las temporadas sin resultados casi nadie se acuerda.

Todavía le quedan objetivos personales.

Carreras que le gustaría ganar, pruebas en las que sueña con subir a lo más alto y retos que siguen ahí, por muchos años que hayan pasado.

Pero cuando le pido un deseo para su deporte, termina mirando más allá de sus propios resultados.

Quiere que el patinaje crezca.

Que tenga más presencia en televisión, más visibilidad, mejores condiciones.

Y, por qué no, que algún día llegue a ser olímpico.

Está convencido de que una mayor exposición permitiría que mucha más gente descubriera lo que sucede dentro de esas pistas y circuitos.

Quizá entonces sería algo más fácil para los que vienen detrás.

El equipo español celebra el oro en relevos en Asunción
El equipo español con sus medallas de oro en relevos

Seguir rodando

Pienso otra vez en aquel Patxi de Nanjing, animando a los chavales del hockey patines con una bandera española.

En los años que han pasado desde entonces, en los campeonatos, los viajes y las personas que se han ido cruzando por el camino.

Y en el de Asunción, celebrando otro oro mundial con sus compañeros.

Son imágenes de años distintos, pero todas hablan, de alguna manera, de lo mismo.

De alguien que lleva toda una vida alrededor de unos patines.

Y que, cuando le preguntas por qué sigue haciéndolo, no necesita hablar de medallas, récords ni campeonatos.

Porque le gusta.

A veces, después de treinta años, esa sigue siendo la mejor razón para continuar.