
En los World Skate Games de Asunción 2026 éramos cinco personas trabajando en la comunicación de la Real Federación Española de Patinaje: Joan, Aleix y Oriol, los tres integrantes del departamento, junto a Kini y a mí como colaboradores.
A Oriol Villar lo conocí aquí, en Asunción. Recién incorporado al equipo, le ha tocado vivir una auténtica prueba de fuego. Casi podría decirse que se ha bautizado en unos World Skate Games, con todo lo que eso significa: jornadas interminables, competiciones simultáneas y una actividad que apenas deja tiempo para respirar.
Kini González ha sido el encargado de transmitir toda la información procedente del skateboarding que después se ha ido publicando en los canales de la Federación.
A Joan y Aleix, en cambio, los conozco desde hace años. Hemos coincidido en numerosos campeonatos, ellos formando parte de los equipos de comunicación y yo trabajando como fotógrafo. Hemos compartido pistas, horarios imposibles, carreras de un pabellón a otro y muchas fotografías que tenían que llegar cuanto antes a su destino.
Por eso sé bien que detrás de cada publicación, cada vídeo y cada fotografía que aparece en las redes de la Federación hay muchísimo más trabajo del que parece.
Un trabajo que casi nunca se ve y que pocas veces recibe el reconocimiento que merece.
Y después de tantos años coincidiendo con ellos, me apetecía que vosotros también los conocierais un poco mejor.
Dos caminos hasta la misma pista
Joan Baylach tiene 31 años y es de Cabrils, un pequeño municipio del Maresme, en Barcelona.
El deporte ha formado parte de su vida desde siempre. Antes de dedicarse profesionalmente a la comunicación fue entrenador de fútbol base, organizó actividades deportivas en cámpings y trabajó en campus de verano.
Su primer empleo estuvo vinculado a una agencia de comunicación y marketing deportivo. Después llegó a la Federación Española de Patinaje para realizar sus prácticas, colaborando por las tardes con el departamento de comunicación y aprendiendo de quien entonces era su responsable, Albert Medina.
En 2020 tenía previsto compaginar su trabajo a media jornada en la Federación con un máster de Periodismo Deportivo en la Universidad Pompeu Fabra.
Pero aquel octubre Albert dejó el puesto y la Federación confió en Joan para asumir la responsabilidad del departamento.
Desde entonces, la comunicación de once modalidades deportivas forma parte de su vida cotidiana.
Y también de sus fines de semana.
Joan reconoce que ha tenido la suerte de convertir su afición en profesión. Aunque eso tenga un precio: estar permanentemente conectado y encontrar cada vez menos momentos para desconectar de verdad.
A Joan lo recuerdo también de los World Roller Games de Barcelona 2019. Una de las fotografías que acompaña esta historia nos devuelve a aquella época, cuando nuestros caminos ya se cruzaban alrededor de las competiciones.

Con Aleix García Rifa sucede algo parecido.
También tiene 31 años y viene de una zona donde el hockey patines forma parte de la vida cotidiana: el entorno de Vic y Sant Hipòlit de Voltregà.
Empezó a patinar con apenas tres años en el Voltregà. Pero a los cinco decidió cambiar los patines por las botas de fútbol.
No fue porque no le gustara el hockey.
Fue por sus amigos.
Mientras ellos jugaban partidos los fines de semana y los lunes llegaban al colegio contando los goles que habían marcado, Aleix todavía estaba aprendiendo a patinar.
Él también quería tener goles que contar.
Y terminó cambiando de deporte.
Lo curioso es que, muchos años después, el hockey volvería a cruzarse en su camino.
Aleix siempre tuvo claro que quería ser periodista deportivo. Estudió Periodismo, completó un máster especializado y comenzó su trayectoria profesional en el departamento de redes sociales del FC Barcelona.
Primero como estudiante en prácticas y después trabajando principalmente con el primer equipo de fútbol, aunque también colaboraba con otras secciones, entre ellas hockey y baloncesto.
Hasta que apareció la oportunidad de incorporarse a la Federación Española de Patinaje.
Y volvió a encontrarse con aquellos patines que había dejado de niño.
Con Aleix también conservo fotografías de campeonatos anteriores. Una de ellas, de un Eurockey de hace años, es otro de esos recuerdos que explican por qué esta conversación no empieza realmente en Asunción.

Los dos llegaron a la comunicación deportiva por caminos diferentes.
Pero hoy comparten mucho más que un departamento.


Mucho más que publicar
Cuando entramos en las redes sociales de una federación vemos fotografías, resultados, vídeos, felicitaciones y noticias.
Todo parece suceder con bastante naturalidad.
Una competición termina, alguien gana una medalla y poco después aparece una publicación.
Pero detrás hay una estructura de trabajo que resulta mucho más compleja de lo que parece.
Cuando le pregunto a Joan qué hace realmente el departamento de comunicación durante una temporada normal, su primera reacción es reírse.
«Qué no hace».
Y empieza a enumerar.
Planificación y creación de contenidos para redes sociales. Gestión de la página web. Redacción de noticias y notas de prensa. Relaciones con los medios de comunicación. Organización de presentaciones, eventos, galas y sorteos. Comunicación interna e institucional. Apoyo a clubes, federaciones autonómicas y ayuntamientos. Coordinación de retransmisiones y contacto con las televisiones.
Y, por supuesto, toda la comunicación de las once modalidades deportivas de la Federación.
Cada una con sus calendarios, campeonatos, deportistas, comités y necesidades.
Aleix insiste especialmente en esa diversidad.
No todas las modalidades tienen la misma actividad, los mismos seguidores ni las mismas posibilidades de generar contenidos.
Algunas cuentan con competiciones prácticamente cada semana. Otras concentran buena parte de su calendario en determinadas épocas del año.
Y no siempre es posible estar físicamente en todas ellas.
Cuando no pueden desplazarse, dependen de las fotografías, vídeos e información que les envían los organizadores, los comités o los propios deportistas.
Eso condiciona inevitablemente lo que pueden contar.
Porque no es solamente una cuestión de publicar resultados.

Lo que les gustaría es poder estar cerca de los deportistas, conocer sus historias, generar material propio y dar a cada modalidad la visibilidad que merece.
Joan señala que históricamente el hockey patines, el patinaje artístico y el hockey línea generan mucho interés. También explica que están realizando una apuesta importante por el skateboarding, impulsada por su presencia en el programa olímpico.
Pero los recursos siguen siendo limitados.
Con la incorporación de Oriol han comenzado a reorganizar el trabajo y a repartir responsabilidades por deportes, apoyándose en un calendario interno que les permite planificar contenidos y competiciones.
Aun así, el principal problema sigue siendo el mismo.
El tiempo.
Cuando les pregunto qué mejorarían si pudieran pedir lo que quisieran, las respuestas de Joan y Aleix coinciden.
Más personal. Mejores condiciones. Más capacidad para desplazarse a las competiciones. Equipos específicos que permitan generar contenido de calidad para cada deporte.
No se trata de pedir recursos ilimitados.
Se trata de poder hacer el trabajo que saben que podrían hacer.
Cuando llega el Mundial
Durante una temporada normal, el departamento ya tiene una actividad enorme.
Pero cada dos años llegan los World Skate Games.
Y todo se multiplica.
Joan lo describe como el momento en el que empieza el «rock & roll».
Aleix utiliza una expresión diferente.
«Un poco los juegos del hambre».
Los dos están hablando de lo mismo.
Meses de preparación, calendarios que se superponen, sedes separadas, competiciones simultáneas y una cantidad de información que no deja de llegar.
El trabajo comienza mucho antes de viajar.
Unos tres meses antes ya empiezan las convocatorias y los primeros contenidos. Hay que estudiar los calendarios, conocer los planes de cada selección y preparar la comunicación con instituciones, medios y patrocinadores.
También se piensa en los contenidos audiovisuales. Para Asunción contaron con Ángel Zorraquino en la preparación del vídeo promocional de las selecciones españolas.
Pero la planificación se intensifica especialmente durante el último mes.
Y todo eso se suma al trabajo ordinario de la Federación, que no se detiene porque haya un Mundial a la vista.
Después llega Asunción.
Y las previsiones empiezan a enfrentarse con la realidad.

Hay que decidir dónde estar, qué competiciones cubrir y qué contenidos preparar cuando varios deportes están compitiendo al mismo tiempo.
Joan explica que priorizan las pruebas con medallas en juego y los partidos decisivos, teniendo también en cuenta la experiencia de cada miembro del equipo en las diferentes modalidades.
Pero hay días en los que cualquier planificación resulta insuficiente.
Aleix habla de jornadas que comienzan a las seis y media o siete de la mañana y terminan alrededor de las dos de la madrugada.
Joan asegura que trabajar dieciséis horas diarias es prácticamente lo habitual durante un Mundial de estas características.
Y no son solamente las horas.
Es la intensidad.
Mientras preparan una publicación, están pendientes de la siguiente. Mientras editan un vídeo, llegan nuevos resultados. Mientras esperan fotografías de una competición, otra selección acaba de conseguir una medalla.
A todo eso se añade la diferencia horaria con España.
Porque el público principal de la Federación está allí, y no siempre tiene sentido publicar inmediatamente lo que sucede en Paraguay.
Hay contenidos que se programan para aparecer a primera hora de la mañana española, mientras el equipo sigue trabajando al otro lado del Atlántico.
Durante estos días he vivido una pequeña parte de ese ritmo desde mi trabajo como fotógrafo.
A veces estoy enviando fotografías de una competición y ya me están pidiendo las de otra.
No es una cuestión de impaciencia.
Es que detrás hay muchas cosas sucediendo a la vez.
Y todas necesitan una respuesta.

El cumpleaños que duró veintiuna horas
Si hay un día que Joan no olvidará de estos World Skate Games es el 10 de octubre.
Y no solamente por los resultados deportivos.
Era su cumpleaños.
Aquel día coincidieron llegadas de nuevas selecciones, pruebas de alpino con tres medallas españolas, finales de hockey patines, competiciones de velocidad, patinaje artístico y skateboarding.
La selección sub-19 y la absoluta femenina de hockey patines disputaban sus finales. Egoitz Bijueska se proclamaba campeón del mundo de skateboarding Park. Y seguían llegando resultados de otras sedes.
Un auténtico aluvión de acontecimientos.
Joan comenzó a trabajar a las ocho de la mañana.
Terminó a las cinco de la madrugada del día siguiente.
Veintiuna horas.
Pero entre todo aquel trabajo había algo que llevaba tiempo esperando.
Había viajado a Asunción con la selección absoluta femenina de hockey patines.
Y antes de llegar había bromeado con las jugadoras.
Les había dicho que el 10 de octubre jugarían la final del Mundial y que le regalarían la novena estrella por su cumpleaños.
Y así fue.
España ganó el campeonato.
Y durante la celebración, las jugadoras le cantaron el cumpleaños feliz.
No había tarta ni velas. Pero alguien encendió un mechero y Joan, rodeado de las campeonas del mundo, lo sopló como si fuera la vela de su cumpleaños.


Después de una jornada interminable, aquel pequeño gesto improvisado se convirtió en uno de los recuerdos más especiales de sus World Skate Games.
Veintiuna horas de trabajo. Una novena estrella. Y un cumpleaños celebrado en mitad de la fiesta de un Mundial.
Hay momentos que no aparecen en ninguna estadística.
Por suerte, este también quedó en fotografías.
Veinticuatro millones. Y todo lo que hay detrás
Antes de viajar a Asunción, el departamento de comunicación se había marcado un objetivo ambicioso.
En los World Skate Games de Italia 2024 habían conseguido siete millones de visualizaciones en los principales perfiles de la Federación.
Esta vez querían duplicar aquella cifra.
Catorce millones.
El balance final superó ampliamente las expectativas.
Más de veinticuatro millones de visualizaciones.
En Instagram, TikTok, Facebook, X y YouTube Shorts.
Es una cifra enorme para un equipo tan reducido.
Pero los números, por sí solos, no explican cómo se consiguen.
Joan habla de estudiar lo que ha funcionado en competiciones anteriores, analizar tendencias, adaptar formatos a cada modalidad y planificar contenidos que conecten con el público.
Aleix insiste en que no se trata de publicar por publicar.
Cada contenido tiene una intención, un público y un momento.
Y detrás hay decisiones que nadie ve.
Qué contar. Cómo contarlo. Qué imágenes utilizar. Qué vídeo preparar. Cuándo publicarlo. Qué resultado merece una cobertura especial y qué historia puede interesar más allá de una medalla.
Todo eso mientras siguen llegando mensajes, fotografías y noticias de distintas sedes.
Joan reconoce que les habría venido muy bien contar con otra persona generando contenido con el móvil, un filmmaker para preparar vídeos más elaborados, otro fotógrafo, alguien trabajando en remoto con los clips de las retransmisiones y un diseñador gráfico.
No son perfiles que sobren.
Son trabajos que alguien tiene que hacer.
Y que, cuando no hay personal suficiente, terminan repartiéndose entre quienes están allí.
Aleix calcula que una cobertura de estas características podría requerir un equipo de ocho o diez personas para desarrollarse con un ritmo más razonable.
Joan recuerda que la federación italiana dispone, según su referencia, de una persona por deporte.
Ellos han trabajado con tres integrantes del departamento, apoyados por colaboradores en determinadas coberturas.
Y aun así han conseguido superar los veinticuatro millones de visualizaciones.
Es un resultado extraordinario.
Pero también obliga a hacerse una pregunta.
¿Cuánto esfuerzo hay detrás de cada uno de esos millones?

«Eso lo hace mi sobrina»
Hay algo en lo que Joan y Aleix coinciden especialmente.
La falta de reconocimiento del trabajo de comunicación.
No solamente por las condiciones laborales o económicas.
También por la percepción que muchas personas tienen de su profesión.
Joan cuenta que todavía hay quien le pregunta si se dedica únicamente a esto.
Como si gestionar la comunicación de una federación deportiva fuera una ocupación menor.
Aleix recuerda una situación parecida con un cliente ajeno a la Federación.
Alguien le comentó que publicar en Instagram también lo hacía su sobrina.
Su respuesta resume bastante bien lo que significa trabajar en comunicación deportiva.
«Vale, pues que venga tu sobrina, planifique unos World Skate Games de 17 días, de siete canales distintos y con unos objetivos claros y que te explique por qué hace todo eso».
Detrás de la ironía hay una reivindicación muy seria.
Publicar una fotografía es sencillo.
Saber qué fotografía publicar, cuándo, por qué, para quién y cómo encaja dentro de una estrategia de comunicación es otra cosa.
Y hacerlo durante más de dos semanas, con once modalidades deportivas, competiciones simultáneas y cientos de deportistas, es algo bastante diferente.
Joan reconoce que la valoración de su trabajo está mejorando gracias a los resultados obtenidos.
Pero considera que todavía queda mucho camino por recorrer.
Habla de condiciones que deberían mejorar, de la necesidad de ampliar los equipos y del precio que supone estar permanentemente conectado.
Aleix comparte esa reflexión.
Les gusta su profesión. Les apasiona el deporte. Y son conscientes de que pueden vivir experiencias que otras personas difícilmente tendrán.
Pero la pasión no debería servir para justificar cualquier condición de trabajo.
Ni los buenos resultados deberían ocultar el esfuerzo necesario para conseguirlos.
Porque una publicación puede tardar unos segundos en aparecer en una pantalla.
El trabajo que hay detrás puede llevar meses.

Uno más del equipo
Cuando la conversación se aleja de las cifras y de las condiciones laborales, ambos terminan hablando de lo mismo.
Las personas.
Joan cuenta que durante el año trabaja con fotografías y vídeos de deportistas a los que, en muchos casos, todavía no conoce personalmente.
Sabe quiénes son, conoce sus resultados y lleva tiempo preparando publicaciones sobre ellos.
Pero ellos quizá no sepan quién es él.
Hasta que llega un campeonato como Asunción.
Y pueden encontrarse cara a cara.
Compartir desayunos, desplazamientos, conversaciones y celebraciones.
Conocer sus rutinas y descubrir cómo son fuera de las competiciones.
Joan lo explica con una mezcla de sorpresa y agradecimiento.
Aunque siempre intentan respetar su espacio, los deportistas les permiten sentirse parte de sus equipos.
Y eso cambia muchas cosas.
No solamente facilita después el trabajo de comunicación.
También hace que las derrotas duelan un poco más y que las victorias se celebren de otra manera.
Aleix describe una sensación muy parecida.
Durante estos días puede convivir con deportistas de alpino, velocidad, hockey o freestyle, personas que durante el año desarrollan su actividad en lugares y calendarios completamente diferentes.
Y termina sintiéndose parte de todos ellos.


Es una recompensa difícil de medir.
Porque no tiene que ver con los seguidores ni con las visualizaciones.
Tiene que ver con la confianza.
Con que un deportista te pida una fotografía, un vídeo o ayuda para contar algo que le importa.
Con saber que no estás allí solamente para publicar sus resultados.
Estás allí para ayudar a contar su historia.
Y también está el propio equipo de comunicación.
Joan destaca especialmente la resiliencia de sus compañeros.
Reconoce que hubo jornadas en las que estaban al límite, sin fuerzas para continuar.
Pero siempre aparecía alguno dispuesto a animar al resto.
A empujar un poco más.
A conseguir que aquello saliera adelante.
Y cuando le pregunto qué ha descubierto de sus compañeros durante estos días, responde que está orgulloso de todos.
Es otra de las cosas que tampoco se ven desde fuera.
La importancia de tener a alguien al lado cuando todavía queda mucho trabajo y el cuerpo ya está pidiendo parar.

Cuando se apagan las pantallas
Joan considera que estos han sido los mejores World Skate Games de la historia de la Federación en términos de comunicación.
No solamente por las cifras.
También por haber conseguido dar a las selecciones españolas una cobertura con personalidad propia.
Recuerda con satisfacción que hubo quien se sorprendió al descubrir lo reducido que era el equipo que había detrás de todo aquello.
Y piensa ya en lo que podrían conseguir con algo más de personal y tiempo para preparar el siguiente gran campeonato.
Aleix mira también hacia el futuro, aunque sin tener demasiado claro dónde estará dentro de unos años.
Le gustaría seguir vinculado al deporte.
Pero reconoce que las jornadas interminables, los viajes y los horarios cambiantes no siempre serán fáciles de compaginar con la vida personal.
Joan tampoco sabe exactamente dónde se ve dentro de diez años.
Lo que tiene claro es que el deporte y la comunicación seguirán siendo sus dos grandes pasiones.
Después de escucharlos, pienso en todas las veces que nos hemos cruzado en una pista.
En aquellos campeonatos de hace años, cuando ya andábamos todos de un lado a otro intentando llegar a tiempo.
En las fotografías que había que enviar con urgencia.
En las publicaciones que tenían que salir antes de que empezara la siguiente competición.
Y en lo poco que suele verse de todo ese trabajo.
Durante Asunción hemos celebrado medallas, seguido finales y compartido momentos que difícilmente olvidaremos.
Pero mientras todo eso sucedía, había tres personas intentando que quienes estaban lejos también pudieran vivirlo.
Joan, Aleix y Oriol.
Tres nombres detrás de cientos de publicaciones, vídeos, fotografías y noticias.
Y de más de veinticuatro millones de visualizaciones.
Porque cuando vemos una medalla en Instagram, casi nunca pensamos en quien ha preparado esa publicación.
Ni en las horas de trabajo, los desplazamientos, las decisiones o las renuncias que hay detrás.
Eso es, precisamente, lo que el ojo no ve.


