«Diez años de carrera para acabar poniendo esparadrapo en una codera».

Lo soltó hace un par de días, mientras arreglaba la protección de uno de los porteros de la selección. Nos reímos. Era una de esas escenas que, después de tantos campeonatos, ya resultan familiares.

Con Bernat nos vemos de campeonato en campeonato. A veces pasa un año, otras veces dos. Pero cuando volvemos a encontrarnos, la conversación continúa casi donde la dejamos.

Compartimos pistas y pabellones, pero también desplazamientos, comidas en los hoteles y esas conversaciones que surgen cuando termina la jornada. Con los años, el trato acaba siendo algo bastante parecido a una amistad.

En una expedición como la de Asunción, cada selección tiene su grupo, sus horarios y sus preocupaciones. Pero algunos vamos de una modalidad a otra, conocemos a gente de prácticamente todas y terminamos siguiendo lo que sucede en el conjunto del campeonato.

A veces pienso que formamos una especie de equipo aparte, aunque en realidad somos parte de todos los equipos.

Y quizá por eso Bernat y yo terminamos hablando tantas veces de deporte. No necesariamente de lo que acaba de suceder en una pista, sino de todo lo que rodea a las competiciones, de las personas que conocemos y de cómo van cambiando las cosas con los años.

Retrato de Bernat sentado

Un deporte al que llegó por casualidad

Bernat lleva casi veinte años ejerciendo la medicina. Siempre quiso trabajar en el entorno del deporte, aunque el hockey sobre patines no figuraba inicialmente entre sus planes.

Había jugado al baloncesto toda la vida y sus primeros pasos profesionales en el deporte estuvieron relacionados con el fútbol y el básquet. Fue a través de un compañero del hospital, antiguo responsable médico de la Federación Española de Patinaje, como acabó entrando en un mundo que apenas conocía.

En 2009 acompañó por primera vez a la selección, en una concentración en Montreux previa al Mundial de Vigo. Un año después llegó su primer campeonato oficial. Y desde entonces, uno detrás de otro.

Lo que comenzó casi por casualidad terminó convirtiéndose en su especialidad.

Su relación con la Federación le abrió también las puertas del FC Barcelona, donde buscaban precisamente un médico que conociera el hockey sobre patines.

Pero Bernat no se conformó con atender lesiones. Al descubrir lo poco estudiado que estaba este deporte desde el punto de vista sanitario, comenzó a participar en trabajos de investigación con deportistas del Barça, de las selecciones y de otros clubes.

«Al final, al menos intentas aportar tu granito de arena para mejorar un poquito este deporte», explica.

Y es que el hockey sobre patines tiene particularidades que no siempre se aprecian desde fuera. A pesar de los palos, las bolas y los choques, Bernat señala que resulta menos lesivo que otros deportes. El hecho de que el pie no esté fijado al suelo reduce determinados mecanismos de lesión, mientras que las sobrecargas y los movimientos repetitivos tienen un peso importante.

Son cosas que ha ido aprendiendo, estudiando y compartiendo durante años. Hasta el punto de que aquel deporte que apenas conocía cuando llegó a la Federación acabó siendo, como él mismo dice, su deporte.

Bernat con la selección en Nanjing 2017
Bernat sonriente en el banquillo

De una selección a toda una expedición

Durante sus primeros años, el trabajo de Bernat estuvo ligado principalmente al hockey sobre patines. Pero los World Roller Games de Nanjing, en 2017, marcaron un cambio.

Por primera vez coincidían tantas disciplinas en un mismo campeonato. Modalidades que habitualmente no contaban con determinados servicios médicos comenzaron a disponer de ellos dentro de la expedición española.

Y Bernat empezó a moverse entre pistas, pabellones y deportes que hasta entonces apenas formaban parte de su día a día.

Con los años, aquella experiencia se ha convertido en una parte habitual de su trabajo. En Asunción, la expedición reúne alrededor de 150 deportistas y 50 integrantes del personal técnico y de apoyo.

Cada modalidad tiene sus necesidades. Cada equipo vive su competición con sus propias urgencias. Y todos saben que, si ocurre algo, Bernat está por allí.

A veces es una lesión. Otras, una enfermedad que aparece en el peor momento. Y muchas veces se trata simplemente de prevenir, controlar una molestia o conseguir que un deportista llegue en las mejores condiciones posibles al siguiente partido.

Porque un Mundial no funciona como una temporada de club.

En el Barça, donde trabaja habitualmente, puede gestionar una recuperación durante la semana, adaptar entrenamientos y valorar la evolución de un jugador. Aquí los partidos se suceden casi a diario y una eliminatoria puede decidirlo todo.

«No puedes decir que no juegas unos cuartos para poder estar en la semifinal, porque si no ganas los cuartos no estás en la semifinal».

Esa intensidad obliga a tomar decisiones con muy poco margen. Y a estar disponible prácticamente a cualquier hora.

Bernat atendiendo a un jugador en Barcelona 2019

Estar, aunque no haga falta intervenir

Hay una parte del trabajo de Bernat que todos reconocemos. Cuando entra en la pista para atender a un jugador, cuando prepara un vendaje o cuando aparece una lesión que necesita su intervención.

Pero buena parte de su trabajo transcurre sin que apenas nos demos cuenta.

Estar pendiente de los deportistas, conocer sus molestias, anticiparse a los problemas y poder actuar rápidamente cuando algo sucede.

Él mismo pone un ejemplo: que un deportista enferme la víspera de una final. Tener un médico dentro de la expedición puede evitar un desplazamiento al hospital, una noche sin descansar o que un problema tratable termine comprometiendo su participación.

Bernat ayudando a Victoria durante un partido

Y mientras nada de eso ocurre, Bernat sigue formando parte del día a día del equipo.

Lo mismo ayuda a preparar las botellas de agua que arregla una protección, coloca un vendaje o echa una mano con el material.

Bernat preparando botellas de agua
«No me gusta la imagen del médico sentado ahí sin hacer nada más. Creo que hay que participar en todo lo demás porque, además, si no, no tiene gracia».

Es una manera de entender su trabajo que encaja bastante bien con lo que vivimos en estos campeonatos.

Aquí hay momentos en los que cada uno tiene una responsabilidad muy concreta. Pero también hay muchos otros en los que lo importante es que las cosas salgan adelante, aunque para ello haya que hacer algo que no figura en ninguna descripción del puesto.

«Todo funciona mucho mejor cuando todo el mundo arrima el hombro».

Y Bernat lleva años practicándolo.

¿Y por qué vuelve?

Se lo pregunté casi al terminar nuestra conversación.

Nos conocemos desde hace suficientes campeonatos como para saber lo que significa pasar tantos días fuera de casa, enlazando jornadas interminables, desplazamientos y competiciones que a veces terminan cuando ya debería haber empezado el descanso.

Así que la pregunta era bastante sencilla: después de tantos años, ¿por qué seguir volviendo?

Bernat se rio. Y reconoció que era una buena pregunta.

«Esto es lo más parecido a unos Juegos Olímpicos a lo que un deportista de hockey sobre patines, o de la mayoría de disciplinas de patinaje, puede estar».

Para él, la respuesta está en buena parte en la convivencia.

En Asunción toda la expedición comparte hotel y las instalaciones están relativamente próximas. Eso permite encontrarse con deportistas de otras modalidades, acercarse a ver sus competiciones y seguir lo que ocurre más allá de la propia selección.

En otros campeonatos, con sedes alejadas entre sí, esa sensación se pierde. Cada uno termina viviendo su Mundial casi por separado.

Aquí, en cambio, nos cruzamos continuamente. En los desayunos, en los autobuses, en las pistas o a última hora, cuando alguien llega al hotel después de una jornada especialmente larga.

Y esas conversaciones, esos encuentros y esa posibilidad de compartir lo que les sucede a los demás acaban siendo una parte importante del campeonato.

Entiendo perfectamente lo que quiere decir Bernat. Porque, salvando las diferencias entre nuestros trabajos, es también una de las razones por las que a mí me gusta estar aquí.

Bernat atento al partido desde la valla

Han pasado muchos años desde aquella primera concentración en Montreux. Bernat ha visto crecer a deportistas, cambiar selecciones, incorporarse nuevas modalidades y evolucionar unos campeonatos que también han cambiado mucho desde Nanjing.

Y sigue regresando.

Estos días volveremos a coincidir en alguna pista, en el hotel o camino de una competición a otra. Seguramente hablaremos del partido que acabamos de ver, de alguien que conocemos desde hace años o de lo que está ocurriendo en cualquier otra modalidad.

Y, entre una cosa y otra, quizá le toque volver a poner esparadrapo en una codera.

Ojalá sea lo más complicado que tenga que hacer ese día.

Bernat chocando la mano con un jugador